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Principios activos · 4 min de lectura

Ácido ascórbico (vitamina C): del descubrimiento del escorbuto al uso farmacéutico moderno

Desde el escorbuto que diezmaba a las tripulaciones de las grandes expediciones marítimas hasta los comprimidos efervescentes actuales, el ácido ascórbico —la vitamina C— resume por sí solo un siglo de investigación farmacéutica. Repasamos su historia, sus propiedades y los usos que tiene hoy en la farmacia moderna.

Cápsulas amarillas y azules, evocando un suplemento vitamínico
Ficha técnica
Denominación Ácido L-ascórbico, vitamina C
Fórmula molecular C6H8O6
Masa molar 176,12 g/mol
Clase Vitamina hidrosoluble, antioxidante
Aspecto Polvo cristalino blanco a amarillo pálido, muy soluble en agua, de sabor ácido

Una vitamina esencial y antioxidante

La vitamina C, o ácido ascórbico, es una vitamina hidrosoluble indispensable para el organismo humano. Es un antioxidante importante y un cofactor de numerosas reacciones enzimáticas.

Se asocia desde hace siglos a la prevención del escorbuto. Su historia ilustra de manera ejemplar el recorrido de la medicina: desde la observación empírica de una enfermedad carencial hasta la identificación, el aislamiento y la síntesis industrial de una molécula precisa.

Del escorbuto al descubrimiento de la molécula

La historia del ácido ascórbico es inseparable de la del escorbuto, una enfermedad carencial que diezmó a las tripulaciones de las grandes expediciones marítimas. En 1747, el médico escocés James Lind llevó a cabo, a bordo del HMS Salisbury, uno de los primeros ensayos clínicos controlados de la historia: demostró que los cítricos curaban el escorbuto. Sus resultados, publicados en 1753, llevaron —tardíamente— a la distribución de zumo de limón en la Royal Navy.

Hubo que esperar hasta el siglo XX para identificar la molécula responsable. En 1907, los investigadores noruegos Axel Holst y Theodor Frølich desarrollaron un modelo animal del escorbuto en cobayas, un animal que, como el ser humano, no es capaz de sintetizar la vitamina C. Entre 1928 y 1932, el bioquímico húngaro Albert Szent-Györgyi aisló una sustancia a la que llamó primero «ácido hexurónico», obtenida primero de las glándulas suprarrenales y después del pimentón, mientras que Charles Glen King, en Estados Unidos, estableció que se trataba del factor antiescorbútico.

La elucidación de la estructura y la síntesis industrial

En 1933, el químico británico Walter Norman Haworth determinó la estructura de la molécula y propuso el nombre de ácido ascórbico, literalmente «anti-escorbuto». Ese mismo año, Tadeus Reichstein desarrolló una vía de síntesis industrial —el proceso Reichstein— que permitiría producir vitamina C a gran escala y a bajo costo.

Este trabajo fue reconocido con dos premios Nobel en 1937: el de medicina para Szent-Györgyi y el de química para Haworth.

El papel biológico de la vitamina C

El ácido ascórbico es un cofactor enzimático esencial, en particular para las hidroxilasas implicadas en la síntesis de colágeno (hidroxilación de la prolina y de la lisina). Esto explica las manifestaciones del escorbuto: fragilidad de los vasos sanguíneos, hemorragias, mala cicatrización y aflojamiento de los dientes.

También es un potente antioxidante, capaz de neutralizar los radicales libres y de regenerar otros antioxidantes como la vitamina E. Además, interviene en la absorción del hierro y en el metabolismo de varios neurotransmisores.

Un dato destacable es que el ser humano es uno de los pocos mamíferos incapaces de sintetizar la vitamina C, debido a la falta de una enzima funcional, la L-gulonolactona oxidasa. Por ello, el aporte a través de la dieta o de medicamentos resulta absolutamente indispensable.

Como principio activo: tratar y prevenir la carencia

Se utiliza para prevenir y tratar la carencia de vitamina C (el escorbuto), como suplemento en estados de fatiga o convalecencia, y en numerosas especialidades de venta libre.

Sus formas farmacéuticas más habituales son los comprimidos efervescentes, los comprimidos masticables y las soluciones orales, gracias a su excelente solubilidad y a su sabor ácido.

Como excipiente: antioxidante y acidificante

Actúa como antioxidante para proteger otros principios activos sensibles a la oxidación, y como acidificante en las formas efervescentes, donde reacciona con los bicarbonatos para liberar el dióxido de carbono responsable de la efervescencia.

Las limitaciones de formulación

Su principal dificultad es su sensibilidad a la humedad, a la luz, al calor y al oxígeno, lo que exige un acondicionamiento protector (blísteres, desecantes) y, en ocasiones, el uso de formas recubiertas o tamponadas para preservar su estabilidad a lo largo del tiempo.

Más información

Aviso — Documento redactado con fines informativos y documentales. No sustituye las monografías de las farmacopeas oficiales ni el asesoramiento médico o farmacéutico.

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